|
El concepto de
electrólisis
se remonta a hace más de 100 años, en Saint Louis, Missouri, con el
oftalmólogo Charles E. Michael. Durante muchos años, intentó en vano
solucionar el problema
de
las pestañas encarnadas, afección que ha causado problemas oculares
crónicos a muchos pacientes.
Experimentando con una técnica nueva, conectó una aguja
quirúrgica a un cable eléctrico de una batería seca y lo insertó en
el folículo piloso durante varios minutos. El resultado del
tratamiento fue la destrucción total del folículo piloso. El pelo
nunca volvió a crecer y se hizo historia.
Lo que
hizo el Dr. Michel fue alterar el pH del folículo, de neutro (7) a
cáustico elevado (11-14), creando una reacción electroquímica dentro
del tejido. La electricidad había convertido los electrolitos de
sodio natural en un alcalino muy cáustico denominado
hidróxido
de sodio (NaOH). Este derivado químico, no la electricidad, es
el responsable de la destrucción de los tejidos que hacen crecer el
vello. Esta sustancia química es tan cáustica que una pequeña gota
sería suficiente para agujerear la piel.
Miles de
hombres y mujeres han sido tratados satisfactoriamente con el
proceso del Dr. Michel, también conocido como proceso “convencional”
o
electrólisis
con aguja. Resultó irónico cuando, casi un siglo después, los
científicos descubrieron que era completamente innecesario insertar una aguja para producir niveles cáusticos de
hidróxido
de sodio dentro del poro del folículo. Bastaba con sujetar
directamente el electrodo en el pelo (con la ayuda de un gel
conductivo formado por iones de cloruro de plata) para aumentar el
pH del tejido
a 14.
Las mediciones moleculares cuantitativas verificaron la presencia de
una elevada cantidad de
hidróxido
de sodio en el tejido electrolizado.
Electrólisis
transdérmica: se
trata de una buena noticia para todas las personas que no pudieron o
no quisieron someterse al proceso del Dr. Michel. La mayoría de
limitaciones a las que se enfrentaron los primeros profesionales de
este sistema han sido solventadas gracias a la introducción de la
electrólisis no invasiva. La más importante está relacionada con los
riesgos que implicaba utilizar agujas (VIH, hepatitis, infecciones,
etc.). Otro problema era la dificultad para ubicar la papila (donde
se inicia el crecimiento del vello) con la sonda de inserción. La
electrólisis tránsdermica siempre permite encontrar la
papila.
Cambios importantes observados mediante una
ampliación
Antes
del tratamiento transdérmico: Se ha utilizado una ampliación de 500X para la ilustración, lo
que permite ver la matriz de la papila, así como las células/tejidos de un
pelo anágeno maduro y sano. Este folículo fue
extraido con pinzas de un paciente que no había sido tratado con
electrólisis
transdérmica.
Después del tratamiento: esta
foto ilustra el efecto drástico sobre el tejido del folículo tras un
tratamiento con
electrólisis
transdérmica. Se ha disuelto toda la papila, de
modo que sólo queda la queratina. Las células del fluido,
responsables de alimentar el folículo, han desaparecido. El folículo
del cual se extrajo este pelo ha sufrido un gran daño. La
cutícula del pelo también presenta una descomposición
sustancial. Aunque la cutícula no participa en el “crecimiento”
real del pelo, es lo que lo mantiene firme en la piel. La ruptura de
la estructura de la cutícula facilita la extracción del pelo sin
esfuerzo (ni dolor) una vez administrado el tratamiento. Se trata de
un método de eliminación del vello muy recomendable, ya que
prácticamente no hay molestias, por lo que aumenta enormemente las
posibilidades de que el cliente no abandone el
tratamiento.
[
Resultados
clínicos] [ Libro sobre la
eliminación transdérmica ] [ Equipos de electrólisis
Aavexx ] [Accesorios y productos
transdérmicos ] [
Requisitos
de los sistemas] [ Ciencia e historia ]
|